El arte de cometer errores

El arte de cometer errores

Con bombos y platillos, estandartes y parafernalia, una de las mayores empresas del mundo anuncia el lanzamiento de su proyecto más ambicioso. Un año después y 20 millones de dólares sobre el presupuesto, el CEO de la compañía anuncia al directorio el espectacular fracaso del mismo y su inminente renuncia. El presidente del directorio toma la carta, la rompe en mil pedazos y responde al CEO: “Hemos invertido $20 millones en el entrenamiento corporativo más caro de nuestra historia. Si crees que después de todo lo que has aprendido vamos a dejarte ir con todo ese conocimiento, debes estar demente”.

Esta historia, aunque apócrifa y exagerada, debería enmarcar el marco de pensamiento de la mayoría de las empresas, sin embargo, en la realidad de muchas empresas, este CEO se encontraría, en el lingo popular, de patitas en la calle.

Múltiples estudios han comprobado que las personas aprenden más de aquellos escenarios donde la propensión a errar es más alta, que de lugares seguros y controlados, y la verdad es que nada le gana a la experiencia de haber fallado para obtener habilidades y conocimiento valioso. Evidentemente, nadie quisiera lidiar con errores de millones de dólares, sin embargo, errar es una de las fuentes de innovación más curiosas y válidas que existen; en palabras de Mark Twain: “Nombre el más grande de todos los inventores: Accidente”.

Sea por destino, casualidad o tonta suerte, muchos de los inventos y grandes negocios de todos los tiempos, algunos incluso cambiaron el rumbo de la ciencia y la ingeniería, han surgido de felices errores.

Circa 1928, un biólogo escocés, presuroso por tomar unas merecidas vacaciones, dejó una pila de envases de cultivo descartados en un rincón de su laboratorio de bacterias en el hospital donde trabajaba con la idea de limpiarlos a su regreso. A su retorno, 2 semanas después, descubrió que un hongo extraño había contaminado sus muestras de estafilococos, produciendo una sustancia que no solo había prevenido que estos crecieran y se apoderaran del recipiente, sino que en muchos casos produjo que la bacteria muriera. Y así, Alexander Fleming descubrió uno de los mayores avances en la medicina moderna: la penicilina.

En su búsqueda de crear un adhesivo extra fuerte para 3M, Spencer Silver, la erró magistralmente inventando en 1968 precisamente lo opuesto, un adhesivo que se pegaba a los objetos, pero que era fácil de despegar. Por años Silver intentó convencer a la compañía de potenciales usos para su goma sin éxito, hasta que Art Fry, otro empleado de la compañía, por necesidad le dio uso al invento de Spencer Silver para fijar las hojas de su viejo libro de himnos, dando nacimiento a los primeros post-its.

Wilson Greatbatch, ingeniero de la Universidad de Buffalo, trabajaba en 1956 en la construcción de un dispositivo de grabación de ritmo cardiaco. Por despiste, según lo cita su obituario en The New York Times, metió la mano en su caja de resistencias y sacó una del tamaño incorrecto y la conectó al circuito. Cuando lo instaló, reconoció el sonido rítmico del corazón humano. En ese entonces, los marcapasos eran enormes máquinas del tamaño de los televisores. El dispositivo implantable de Greatbatch, de solo 2 pulgadas cúbicas, cambió para siempre la esperanza de vida en el mundo. Ahora, más de medio millón de dispositivos se implantan cada año.

Los Corn Flakes de Kellogs, la sacarina, los fuegos artificiales, el slinky, el plástico, las galletas con chispas de chocolate, las papas fritas, los hornos microondas, las impresoras de inyección de tinta, los rayos X, y otros muchos tantos productos, fueron felices accidentes de personas y empresas que no tuvieron miedo ni restricciones a fallar para utilizar ese conocimiento y experiencia como plataforma para crear grandes cosas.

Indudablemente, nadie quiere cometer un error de $20 millones de dólares, sin embargo un ambiente y una cultura de aprendizaje continuo, donde errar va a ser siempre un factor (después de todo nadie es perfecto ni libre de tomar decisiones equivocadas), puede dar lugar a grandes aprendizajes, inventos o productos con potencial de cambiar la vida de las personas, y réditos por partida múltiple del costo de dichos errores.

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